Casa  del Sacristán

 

 

 

 

Plaza de la Catedral, 4

ASTORGA

24700 León - Spain

A las 9'30 horas de la mañana del día de Todos los Santos de 1755 la tierra comenzó a temblar con una violencia inusitada (9 en la escala Richter), durante diez interminables minutos; el maremoto posterior (tres tsunamis consecutivos), se tragó el corazón de la próspera ciudad de Lisboa. El epicentro del seísmo se localizaría en un algún lugar ignoto del océano Atlántico, a 300 km. de la capital portuguesa, repercutiendo en toda la Península Ibérica. En Astorga el terremoto causó la caída del tramo superior de la torre oeste grisverdosa de la Catedral (rota la simetría, 210 años lució amputado el templo: hasta 1965 prolongó la reconstrucción)

Su impacto en la mentalidad de la época fue tan devastador como sobre el terreno. La perspectiva que en el Occidente 'ilustrado' se empleaba para explicar el mundo sufrió un giro brusco y nada volvió a ser igual. Sucumbieron ideas hasta entonces absolutas, se tambaleó la fe, y muchas creencias quedaron enterradas para siempre. De los sentimientos y reflexiones que trajo consigo quedan muestras en escritos de Kant, o en el dramático poema de Voltaire.

 En la noche antes, todo era igual pero la sensación era distinta. El búho y las lechuzas no ulularon desde la Catedral y al amanecer no hubo algarabía de grajas revoloteando. Un profundo silencio, quietud y, al poco, el brutal impacto de un puntapié del gigante encerrado en el centro de la Tierra hizo tambalearse lo que se asentaba en la superficie de Astorga. La Casa del Sacristán, por un instante eterno, desapareció ante la vista de todos envuelta por la espesa nube de polvo que levantó el derrumbe de la torre. Durante el lapsus de tiempo incalculable y desolador en el que dejó de formar parte del mundo de las apariencias, la Casa sintió que sus cimientos se rehundían aún más en la tierra. Los techos se inclinaron, se resquebrajaron paredes, cayó algún tabique y a la vista quedaron, al parecer, descubiertas cosas hasta entonces ocultas (mucho se dijo entonces sobre extraños hallazgos; mucho se habló sobre objetos estrambóticos y raras criaturas: se rumoreó lo mejor y lo peor y al fin todo quedó sepultado por el tiempo, por la inconsistencia de las palabras sin hechos)

Tras el desastre, llegando pronta la fría noche de difuntos, Kill desapareció por las retorcidas callejuelas de la judería en compañía, dijeron, de un gigante: el 'golem' que habría creado a espaldas de todo orden divino. Nunca se supo más de él aquí.

el terremoto de Lisboa

1755

 

En la mitología judía el "Golem" (materia) es un ser animado creado a partir de materia inanimada. Adán, en el Génesis, fue creado de barro: por un momento fue un golem, hasta que recibió el soplo divino de su Creador. Un golem es un autómata, un 'bruto' de piedra que no tiene alma y no habla. La palabra hebrea אמת ('emet', verdad) grabada en su frente le insufla vida; si se le borra la primera letra queda מת ('met', muerte), y así se destruye esta infausta creación humana. El piadoso rabino Judah Loew (Judá León para J.L. Borges), creó uno en el siglo XVI, valiéndose de una masa de tierra y de un grimorio (libro de conjuros mágicos).

Según el famoso místico y cabalista judío Gershom Scholem, el Golem aparece cada 33 años en la ventana de una habitación sin acceso en lo que fue un gueto judío en Praga. También se le ha creído ver tras los cristales de la Casa del Sacristán en Astorga.

 

Image,: el rabino Yehuda Lów (Juda León), procediendo al ritual de creación del Golem.